La semana pasada el país se sobresaltaba con la noticia de la recomendación por parte de la Agencia Española de Seguridad Alimentaria y Nutrición (AESAN) de no consumir pez espada y atún rojo a las mujeres embarazas y los niños menores de siete años, al considerar que estas especies están contaminadas por mercurio. Según la AESAN, dependiente del Ministerio de Sanidad, 100 gramos de pez espada a la semana superaría la ingesta tolerable de mercurio en una embarazada, mientras que los niños de entre 7 y 12 años no deberían comer más de una ración de 50 gramos.
Tras el shock inicial que un anuncio así provocó entre la población en general – con la consecuente cascada de reacciones, comentarios, tertulias, etc. – y pasado un tiempo para abordar la cuestión desde una mayor serenidad, sólo podemos expresar nuestro total apoyo a tal recomendación si realmente los análisis de dichas especies han demostrado que pueden ser, si quiera remotamente, perjudiciales para la salud, especialmente de estos dos colectivos tan sensibles.
Por otro lado, nos planteamos si llegará en un corto plazo de tiempo el momento en el que esta petición se haga extensible a toda la ciudadanía. A este respecto, hay que tener presente que el anuncio de la AESAN se produjo por contaminación del atún rojo y el pez espada por mercurio y que, al ser éstas especies con una larga vida, esto las convierte en acumuladores de metales pesados.
Dado que la fuente de contaminación se halla en el mercurio industrial, que ha acabado en las cadenas tróficas de los mares sin degradarse, y que nuestro modelo de vida se basa en el consumo de más recursos de los que la naturaleza nos puede suministrar, es probable que en los próximos años se puedan producir nuevas recomendaciones (o incluso prohibiciones) respecto al consumo de determinadas especies marinas.
Es triste tener que llegar a un extremo como el propuesto por la AESAN pero más triste todavía es el hecho de que parece que el ser humano no acaba de aprender la lección y que seguimos contaminando mares, tierras y aire con nuestras industrias y nuestros residuos.
Nosotros lo vemos con cierta frecuencia debido a nuestra actividad. Y es que hasta el 80% de los residuos flotantes presentes en la lámina de agua procede de fuentes terrestres, es decir, de una manera u otra, de nosotros. Y nosotros, los seres humanos, somos los que tenemos la obligación de detener esta sinrazón. Si no queremos que la lista de especies aptas para el consumo vaya creciendo exponencialmente…
Autor: Fernando Astorqui Fuente: 20minutos
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