Una nueva investigación llevada a cabo por científicos del Instituto Oceanográfico de Woods Hola (WHOI) pone de manifiesto el papel que las corrientes oceánicas juegan en el transporte del calor hacia los glaciares. Una investigación liderada por la física oceanográfico del WHOI Fiamma Straneo ha descubierto aguas cálidas subtropicales en lo más profundo del fiordo Sermilik, en la base del glaciar Helheim, en 2009.
La lámina de hielo de Groenlandia ha perdido masa a un ritmo acelerado durante la última década, vertiendo más hielo y agua dulce al océano. Entre 2001 y 2005, el glaciar Helheim – un extenso glaciar en la costa sureste de Groenlandia – se ha retraido 8 kilómetros y la velocidad de su deslizamiento prácticamente se ha doblado.
El equipo volvió a Groenlandia en marzo de 2010 para realizar por primera vez un examen del fiordo en época invernal. Utilizando una pequeña embarcación y un helicóptero, Straneo y su colega Kjetil Våge, de la Universidad de Bergen (Noruega), fueron capaces de lanzar sondas más cerca del glaciar que nunca, aproximadamente a 4 kilómetros del extremo del glaciar. Combinando estos datos con los obtenidos en agosto de 2009 los detalles de una compleja interacción entre el hielo del glaciar, la evacuación de agua dulce y las aguas cálidas y saladas del océano comenzaron a aflorar.
Los fiordos contienen agua dulce y fría procedente del Ártico en su parte superior y aguas calientes y saladas procedentes de la corriente del Golfo en su parte inferior. Las aguas descongeladas ascienden un poco, pero no hasta la superficie.
El glaciar desarrolla una lengua de hielo flotante, una plancha de hielo que se extiende desde el cuerpo del glaciar hasta las aguas del fiordo. La forma de la lengua de hielo influye en la estabilidad del glaciar y en la rapidez de su avance. Asimismo, las fuertes corrientes en el interior del fiordo, provocadas por vientos y mareas, también juegan un papel en la velocidad del deshielo y del flujo.
El viaje realizado en marzo de 2010 marcó un hito al suponer la primera vez que los investigadores eran capaces de observar las condiciones invernales en un fiordo, que son en realidad las que probablemente imperan 9 meses al año.
Como co-autores de este trabajo se incluyen a: Ruth Curry y Claudia Cenedese del WHOI, David Sutherland de la Universidad de Washington, Gordon Hamilton de la Universidad de Maine, Leigh Stearn de la Universidad de Kansas y Kjetil Våge de la Universidad de Bergen (Noruega).
Fuente: hydro-international.com
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