Hallados residuos flotantes en el 5º anillo de Saturno

El planeta Saturno

Un descubrimiento inquietante mantiene en vilo a la comunidad científica internacional. El pasado 20 de noviembre, al parecer de manera casual, el joven de origen congoleño Duffy Martiné constató con su telescopio espacial un hecho que al instante le pareció insólito; lo que no podía imaginarse, sin embargo, el inquieto de Duffy es que lo que él creía que eran grandes islas dispersas en el mar de Canterum – en el quinto anillo de Saturno – finalmente se revelarían como grandes acumulaciones de basuras marinas en el planeta del silencio.

Ayer, martes 27, se dio a conocer en una rueda de prensa multitudinaria en el centro espacial de la WFTA en Cabo Cañaberal los detalles de tan insólito descubrimiento. Al parecer, el padre de Duffy Martiné, André, había regalado a éste un telescopio de grandes dimensiones con ocasión de su decimosexto cumpleaños. El joven, ansioso por descubrir nuevos “cometas y satélites en el aire” pasó las cinco noches siguientes en vela, con la única compañía de su nuevo y reluciente artefacto científico.

Y al sexto día se produjo el gran descubrimiento. Hallándose padre e hijo compartiendo una de estas frías noches en el terreno de su propiedad en Río Alto (California), Duffy comenzó a mirar “más alterado de lo normal” a través del telescopio. Su padre, intrigado por saber qué es lo que había captado la atención de su hijo con tanta viveza, le requirió una explicación. Por única respuesta obtuvo un eufórico: <<¡Ahí está papá! ¡Ahí está! ¡Los anillos de Saturno tienen islas, como yo pensaba!>>.

André Martiné corrió a constatar lo que su hijo le gritaba, con la convicción de que se trataba únicamente de una alucinación producida sin duda por su agotamiento, al haber estado prácticamente una semana sin dormir. No obstante, y tras consultar la casi media docena de atlas del universo detallados que tanto padre como hijo veneran como si de una Biblia moderna se tratasen, no pudo por menos que dar la razón a su primogénito.

Residuos flotantes en el quinto anillo de Saturno

Con la noticia bajo el brazo, ambos acudieron a la delegación que la agencia espacial norteaméricana (WFTA) tiene en Los Ángeles, en el downtown de la ciudad. Tras obtener una cita con John Taylor, subinvestigador en jefe del departamento de nuevos descubrimientos, ambos expusieron al experto su reciente revelación.

Taylor no podía dar crédito a la sensacional noticia. Sin embargo, y como medida de rutina, envió un detallado informe la mañana siguiente a sus colegas de Cabo Cañaberal para su análisis pormenorizado.

Dicho informe cayó, afortunadamente, en manos de la investigadora Catherine Richardson, cuyo concienzudo análisis de las supuestas grandes islas contenidas en el mar de Canterum, en el quinto anillo de Saturno, trajo consigo un resultado todavía más espectacular, si cabe.

A través de una serie de pruebas que incluían una hipsografía de diacleno completa, Richardson pudo fotografiar – con una precisión superior a los 5 nanomeses luz por kilómetro cuadrado – lo que sin lugar a dudas se trata de grandes manchas de residuos flotantes compuestas por basuras a la deriva.

Este descubrimiento, dado a conocer en una rueda de prensa multitudinaria en el salón de conferencias Hydrobreiky, desató ayer un revuelo mundial tanto en los medios de comunicación científicos tradicionales como en las redes sociales en Internet.

La pregunta que más se repetía en ambos ámbitos era, sin duda, la siguiente: ¿cómo han podido llegar estas acumulaciones de residuos al quinto anillo de Saturno?

Los expertos aún no tienen respuesta a esta inquietante pregunta, si bien ya hay quien comienza a confabular en blogs especializados con una posible misión ultrasecreta americana planificada en el año 1963 bajo mandato de John Fitzgerald Kennedy. Dicha misión tendría como objetivo “librarse de toda la basura acumulada por la elevada producción industrial estadounidense desde la segunda guerra mundial hasta la década de los años 60”, según Arthur P. Miller, bloguero especializado en aeronáutica espacial.

El misterio, no obstante, sigue en el aire y no parece que vaya a tener una resolución consensuada en el corto plazo. Mientras tanto, sólo nos queda agradecer al joven Duffy su gran descubrimiento y plantearnos dudas de difícil resolución como: ¿cómo se pudieron transportar tales cantidades de residuos flotantes a tan lejana distancia? ¿no cabe la posibilidad de que esta basura marina haya sido depositada por habitantes alienígenas? ¿qué tipo de embarcaciones de limpieza específicas deberíamos utilizar para la limpieza de la lámina de agua de este mar?

Dudas, todas ellas, que supondremos tendrán contestación pública próximamente.


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