Los vertidos de un colector impiden el aprovechamiento de fincas en un pueblo de Zamora

Los vertidos de aguas residuales dentro del Parque Natural del Lago de Sanabria, en el término de Ribadelago Nuevo, impiden a los propietarios de varias fincas arar las parcelas por estar anegadas y encharcadas de aguas sucias, procedentes del colector público que discurre hasta una de las depuradoras del saneamiento integral del Lago de Sanabria. «Ya no sé que hacer. Como no sea avisar al Servicio de Protección de la Naturaleza», se lamenta Jesús Sanromám, a pie de finca y observando impotente como del colector ubicado entre dos parcelas emanaban a borbotones aguas teñidas de gris. El reguero de agua discurre sin obstáculos por las fincas abajo para terminar a la orilla del Tera. Este foco de aguas sucias no ha dejado de manar desde el otoño.

Los meses de atrás el vertido era mucho más abundante por el deshielo y el engorde de los cauces a consecuencia de las lluvias del otoño y parte del invierno. El volumen de agua ha disminuido pero han aumentado los residuos, los olores y la preocupación de los vecinos afectados por el estado de las tres fincas que sufren la carga de agua. Por segundo año consecutivo Jesús Sanromán no podrá arar la finca «y si plantas una lechuga no crecerá» por la propia contaminación del suelo «con jabón, cal y la mierda que arrastra». Aunque desaparezca el agua, «todas las sustancias ya quedan ahí depositadas. Estas tierras quedarán inservibles durante algunos años» opina el vecino de Ribadelago. Al igual que él, otros dos propietarios más tienen el mismo problema.

La salida del agua no es nada discreta ni se ha disimulado, discurre a la orilla de la carretera – a unos dos metros escasos – por campo abierto y es visible el agua por encima de la tapa de registro. El agua que de forma natural, a consecuencia de las lluvias y la crecida del río Tera, anega esta vega ya ha descendido preparando el terreno para las labores agroganaderas de la primavera. Buena parte de las pequeñas fincas situadas en esta zona están a punto de ser trabajadas. Las fincas corresponden a las parcelas diseñadas tras la concentración parcelaria en el pueblo tras la catástrofe. Son franjas de tierras cultivables en una zona fértil de vega, que rondarán cada una los 300 metros cuadrados, en una tira de cultivo que va desde la carretera hasta la orilla del río Tera. Es un suelo fértil que se aprovecha para el cultivo de las hortalizas principalmente: patatas, lechugas, berzas, etc. Cuando la depuradora funciona «se oye, y ahora está parada» precisa Jesús San Román. Con la finca anegada no puede entrar el tractor porque se queda atascado. En la finca contigua el verde de los hierbajos está teñido de blanco, no se sabe muy bien si por las lejías y detergentes «parece cal viva» tercia otro de los propietarios de los terrenos que teme que con estas aguas se quemen los árboles frutales que están plantados al fondo de la finca, casi al lado del Tera, con poco más de un par de años. Esta propiedad es de Olegario Parra, que acierta a pasar por la carretera cuando Jesús Sanromán está en la finca. Llama la atención que la alcantarilla esté construida sobre fincas particulares y no en una vía pública.

Las obras de mejora del colector, ejecutadas el pasado año, han provocado que ahora las aguas fecales afloren en este otro colector de las tierras. Al fondo de las parcelas está la depuradora. Olegario Parra señala en dirección al pueblo para ubicar otro de los puntos de vertido por donde sale el agua directo a un caño, entro los prados, y al río a poco más de 200 metros. La ausencia de vegetación permite observar una treintena de metros más arriba de sus fincas, y a las puertas del casco urbano del Nuevo Ribadelago, la otra alcantarilla que sí vierte todo tipo de sustancias alarmantes que han acabado con la vegetación.

Fuente: La Opinión de Zamora


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